"El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son." Tito Livio.
Defender la seguridad del paciente, exigir formación y denunciar el intrusismo son responsabilidades necesarias. Pero una profesión también debe preguntarse cómo quiere comunicarse. Cuando el discurso se construye constantemente alrededor de amenazas, peligros y enemigos, existe el riesgo de que la reivindicación termine ocupando demasiado espacio frente a lo verdaderamente importante: el conocimiento, la preparación y la excelencia profesional.
El problema no está en señalar aquello que no funciona, sino en convertir el conflicto en el principal argumento. Una profesión madura puede defender sus competencias con firmeza sin presentar cada debate como una batalla. Y también puede diferenciar entre prácticas ilegales, mala praxis, incumplimientos y actividades legítimas desarrolladas desde otros ámbitos profesionales.
La medicina estética tiene argumentos mucho más sólidos que el enfrentamiento: formación, investigación, innovación, tecnología, conocimiento anatómico y capacidad para ofrecer tratamientos cada vez más seguros y personalizados.
Menos sensación de amenaza y más demostración de excelencia. Probablemente sea una forma más eficaz de reivindicar el valor de una profesión que no necesita estar permanentemente a la defensiva.
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