El cáncer de mama es uno de los problemas de salud que más preocupan a la sociedad en general y a las mujeres en particular. Muchas de ellas toman la decisión, en algunos casos, de recurrir a la mastectomía preventiva, un proceso quirúrgico en que se extirpan una o ambas mamas para reducir en hasta un 95% las posibilidades de padecer esta enfermedad, algo que se consigue en gran parte de los casos.

Según el Dr. Mato Ansorena, director de las clínicas Mato Ansorena y experto en el tema, y de acuerdo con la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer (AECC), este procedimiento solamente se debe practicar en los casos en que el oncólogo detecte un alto riesgo padecer la enfermedad, como en el caso de las mujeres con estudios genéticos positivos para BRCA1 o BRCA2, o bien con lesiones mamarias premalignas.

La mastectomía preventiva es un proceso quirúrgico en el que se extirpan una o ambas mamas, para reducir en hasta un 95% las posibilidades de padecer esta enfermedad.

El porcentaje estimado de cánceres hereditarios se sitúa entorno al 20-25%, así que, aunque es necesario tomar precauciones en caso de conocer algún caso en la familia, tampoco es una decisión que deba tomarse a la ligera. La recomendación es acudir al médico para realizar un estudio de antecedentes y valorar si es necesaria una derivación a la Unidad de Consejo Genético, que analiza el riesgo de padecer la enfermedad, dejando al oncólogo la última palabra respecto a la necesidad de realizar la mastectomía, una vez finalizado todo el proceso.

También es importante tener en cuenta que todas las intervenciones pueden ser mejoradas estéticamente y ser reconstruidas con técnicas antólogas (con tejidos propios de la paciente) o mediante prótesis, con el objetivo de lograr un aspecto lo más natural posible.

En cuanto a los tipos de mastectomías existentes, hay tres posibilidades: la mastectomía simple profiláctica, en que se extirpa la glándula mamaria, la areola y el pezón, preservándose únicamente la piel de la zona; la subcutánea, en que se preserva tanto la piel como la areola y el pezón, retirándose únicamente la glándula mamaria; y la doble, que se realiza en ambos senos, aconsejable solo en casos de alto riesgo.









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