El turismo de cirugía estética crece impulsado por los precios, las listas de espera y el acceso a tratamientos especializados. Sin embargo, las complicaciones tras las intervenciones realizadas en el extranjero plantean nuevos retos para la seguridad de los pacientes y los sistemas sanitarios.
Una revisión publicada en Plastic, Reconstructive & Aesthetic Surgery analizó 58 estudios con 1.249 pacientes que necesitaron atención médica en su país tras someterse a procedimientos estéticos en el extranjero.
Las complicaciones más frecuentes fueron las infecciones, los problemas relacionados con implantes y la apertura de las heridas quirúrgicas. El aumento de pecho, la abdominoplastia y la liposucción concentraron buena parte de los casos documentados. Además, combinar procedimientos, especialmente abdominoplastia y liposucción, se asoció con más complicaciones que realizarlos por separado.
Turquía destacó como destino frecuente en los estudios europeos, mientras que en los trabajos de fuera de Europa apareció especialmente la República Dominicana.
Seguimiento y responsabilidad, asignaturas pendientes
Uno de los principales problemas es la falta de información clínica cuando los pacientes regresan a casa: los profesionales que deben tratar las complicaciones no siempre disponen de los informes quirúrgicos ni de los protocolos de atención utilizados en el extranjero. Esto dificulta el tratamiento y puede incrementar los costes sanitarios.
En un comentario sobre la revisión, el cirujano plástico Cenk Demirdover señaló otras debilidades del sector, como el seguimiento médico fragmentado, el papel de algunas agencias intermediarias y el posible sesgo de los informes, que tienden a centrarse en los casos con resultados adversos.
Los investigadores advierten de que el impacto económico podría estar infravalorado, ya que muchos estudios contabilizan únicamente los gastos hospitalarios y no incluyen otros costes, como las consultas, la rehabilitación o la pérdida de productividad.
Un mercado en expansión
El fenómeno se integra en una tendencia más amplia: el turismo de bienestar evoluciona desde los spas y la relajación hacia los procedimientos estéticos, los diagnósticos y los tratamientos relacionados con el envejecimiento y la salud.
La conclusión no es que toda cirugía en el extranjero sea insegura, sino que el ahorro y la facilidad de acceso no deberían prevalecer sobre la seguridad, la información clínica y la continuidad asistencial. Mejorar el seguimiento, ofrecer información transparente y establecer protocolos específicos para los pacientes internacionales será clave para que el crecimiento del turismo cosmético no se traduzca en mayores riesgos evitables.