El tercio superior del rostro concentra algunas de las principales señales del envejecimiento facial. Frente, entrecejo, contorno de ojos, cejas y pómulos participan de forma decisiva en la expresión y, por ello, su tratamiento requiere valorar cada zona de manera individual.

Arrugas de expresión, cejas descendidas, ojeras y pérdida de volumen son algunos de los problemas que pueden modificar la expresión y aportar un aspecto más cansado al rostro. La medicina estética dispone de diferentes técnicas para abordar estas alteraciones, desde la toxina botulínica hasta los materiales de relleno y otros tratamientos dirigidos a mejorar la calidad de la piel.

Tratando las arrugas de expresión

Las patas de gallo, el entrecejo y las arrugas de la frente son algunas de las alteraciones más habituales del tercio superior. Se trata, en buena parte, de arrugas dinámicas, relacionadas con la contracción repetida de los músculos faciales durante los gestos y expresiones cotidianas.

En estos casos, las infiltraciones de toxina botulínica constituyen uno de los tratamientos más utilizados. Su función es reducir temporalmente la actividad de determinados músculos para suavizar las arrugas y prevenir que se marquen de forma excesiva.

En el caso de las patas de gallo, la toxina botulínica actúa sobre el músculo orbicular, responsable de buena parte de las líneas que aparecen en el contorno externo de los ojos. El tratamiento se realiza mediante pequeñas infiltraciones y sus efectos son temporales, por lo que será necesario repetirlo cuando desaparezca su acción.

La toxina botulínica permite suavizar las arrugas dinámicas del tercio superior y conseguir una expresión más descansada, siempre mediante un tratamiento adaptado a cada rostro.

La toxina botulínica también puede utilizarse en la zona de la frente y el entrecejo. La aplicación en puntos estratégicos permite relajar determinados músculos y suavizar las líneas que se forman al elevar las cejas o fruncir el ceño.

Cuando las arrugas son visibles incluso con el rostro en reposo, puede ser necesario complementar el tratamiento. En función de las características de cada paciente, pueden valorarse materiales de relleno u otras técnicas destinadas a mejorar la calidad y apariencia de la piel. La elección dependerá de la profundidad de las arrugas, la anatomía y el estado de la zona que se quiera tratar.

No a las cejas caídas

La posición de las cejas influye de manera importante en la expresión. Una cola de la ceja descendida puede contribuir a dar al rostro un aspecto más cansado o envejecido, aunque su posición depende también de la anatomía, la estructura ósea y el equilibrio entre los diferentes músculos faciales.

En determinados casos, la toxina botulínica puede utilizarse para modificar de forma sutil la acción de la musculatura que interviene en la posición de la ceja. El objetivo es conseguir una ligera elevación de la zona lateral, manteniendo una expresión natural y evitando cambios excesivos en la mirada.

Como ocurre con cualquier tratamiento de esta zona, la técnica debe adaptarse a las características individuales del rostro. La valoración previa permite determinar qué músculos deben tratarse y qué resultado puede conseguirse en cada caso.

Evitando ojeras pronunciadas

Las ojeras no responden a una única causa y, por ello, tampoco existe un único tratamiento para corregirlas. Pueden estar relacionadas con un hundimiento de la zona inferior del párpado, con la pigmentación de la piel, con factores vasculares o con la propia anatomía del contorno ocular.

Cuando predomina el hundimiento del párpado inferior o del denominado surco lagrimal, en determinados pacientes pueden utilizarse materiales de relleno para suavizar la transición entre el párpado y la mejilla. El ácido hialurónico es uno de los productos empleados con este objetivo y permite recuperar volumen de forma temporal.

Sin embargo, no todas las ojeras son susceptibles de tratarse con rellenos. Cuando el principal problema es la coloración oscura de la piel, el abordaje será diferente. Las ojeras de tonalidad marrón pueden estar relacionadas con la pigmentación y, en estos casos, pueden plantearse tratamientos despigmentantes. Cuando existe un componente vascular, pueden valorarse determinadas tecnologías láser u otros procedimientos dirigidos a mejorar la apariencia de la zona.

Dra. María Rosa García Maroto.

Pómulos tersos y rejuvenecidos

El envejecimiento facial también implica cambios en los tejidos profundos. Con el paso del tiempo se producen modificaciones en la piel, la grasa subcutánea y las estructuras que proporcionan soporte al rostro. Como consecuencia, determinadas zonas pueden perder proyección y el pómulo puede adquirir un aspecto más plano o deprimido.

En estos casos, los materiales de relleno pueden utilizarse para recuperar volumen y mejorar la proyección del pómulo. "Se recomiendan los materiales de relleno que eleven y den volumen de forma natural al pómulo", explica la Dra. María Rosa García Maroto. El objetivo es conseguir una transición equilibrada con el resto de las estructuras faciales y mantener la naturalidad de las facciones.

El ácido hialurónico es uno de los materiales más empleados en este tipo de procedimientos. La duración de sus efectos varía en función del producto utilizado, la zona tratada y las características individuales de cada paciente.

Un abordaje personalizado

El rejuvenecimiento del tercio superior del rostro no debe plantearse como un protocolo idéntico para todos los pacientes. La combinación de arrugas dinámicas, pérdida de volumen, cambios en la posición de las cejas y alteraciones de la piel hace necesario estudiar cada caso de forma individual.

Mientras algunas personas pueden beneficiarse principalmente de un tratamiento dirigido a la actividad muscular, otras necesitarán recuperar volumen o mejorar la calidad de la piel. En determinados casos, la combinación de diferentes técnicas permite abordar varios signos del envejecimiento de manera progresiva.

El objetivo final es suavizar los signos del envejecimiento sin perder la naturalidad de la expresión. Una correcta valoración y una planificación individualizada permiten adaptar el tratamiento a las necesidades de cada rostro y conseguir resultados proporcionados.









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